Enfermedades olvidadas

Una de cada seis personas en el mundo padece una enfermedad de la que no has oído hablar

Una de cada seis personas en el mundo sufre una enfermedad de la que no has oído hablar. La úlcera de Buruli, el pian o la lepra son enfermedades desconocidas o dadas por desaparecidas para la gran mayoría de personas en el primer mundo. Sin embargo, estas Enfermedades Tropicales Desatendidas (ETD) afectan de manera determinante a las condiciones de vida de las poblaciones en situación de vulnerabilidad en países del África Subsahariana. Se trata de enfermedades olvidadas que no importan a nadie, que no son una prioridad para ninguna institución pero que, a su vez, causan un gran sufrimiento y por eso constituyen el foco de algunas ONG.



En este especial, se describirán los casos de cuatro países del África Occidental, Costa de Marfil, Ghana, Benín y Togo, donde las mencionadas ETD están afectando a los sectores más vulnerables de la población. Anesvad, tras cinco décadas de trabajo centrado en proteger el derecho a la salud de las poblaciones más indefensas, ha iniciado desde 2015 un nuevo enfoque centrado en el abordaje integral de las ETD con manifestación cutánea y asumiendo como propios los objetivos que la OMS ha fijado para estas enfermedades de cara a 2020.



En estos cuatro reportajes, se describirán las causas para la propagación de las ETD en estos países, generalmente relacionados con unos sistemas de salud y unas infraestructuras de comunicación deficientes o dañados por conflictos armados. Se mostrará también los perjuicios físicos para las personas que sufren estas enfermedades, que en casos en los que el tratamiento llega demasiado tarde pueden llevar a amputaciones o daños severos en piel, huesos y cartílagos.



Más allá de los daños físicos, enfermedades como la lepra, el pian o la úlcera Buruli acarrean un pesado estigma en sociedades profundamente ligadas a creencias ancestrales que asimilan la enfermedad con una maldición, sumando el aislamiento social a los males generados por la ETD.



Pero, ante todo, estos reportajes cuentan historias de esperanza, de personas que, gracias al apoyo de ONG internacionales como Anesvad, lograron salir adelante en las condiciones más duras. Historias como las de las de la joven Thèrese, que tras recuperarse de la lepra ahora estudia para ser enfermera en Benín; la de Allui, el primero de los seis hijos de Bernadette en nacer en un hospital en Costa de Marfil; o la de Emmanuel, que tras recuperarse de la úlcera de Buruli en Ghana lanza un mensaje a todos los enfermos: "No vale la pena darse por vencido".





Enfermedades olvidadas

Un proyecto de:

Rubén Taobada

Periodista

Redacción de textos

Diana Matarranz

Diseñadora

Diseño y visualización de infografías

Pelayo Prieto

Vídeo

Montaje y edición

Marta Gastón

Coordinadora

Coordinación y edición

Elssie Ansareo

Comunicación Anesvad

Fotografías y testimonios

Pilar Matias

Comunicación Anesvad

Fotografías y testimonios

Miren Hualde

Comunicación Anesvad

Testimonios

Ángel Pérez

Desarrollador - Artesans

Desarrollo del microsite

Tras una década de guerra, la lucha en Costa de Marfil es ahora contra la úlcera de Buruli

Por: Rubén Taboada


Fotografía: Fundación Anesvad

Costa de Marfil, un país del África Occidental que fue colonia francesa hasta 1960, tiene en la actualidad unos 23 millones de habitantes. Su historia reciente ha estado marcada por una larga guerra civil que comenzó con el inicio del siglo y no terminó hasta 2011. El sistema sanitario del país, que quedó en la ruina y enfermedades curables como la úlcera de Buruli o la lepra comenzaron a extenderse entre las capas más pobres de la sociedad.

Anesvad comenzó a trabajar en el país en 1999, aunque la guerra dificultó enormemente la actividad de la ONG en Costa de Marfil. En 2012, lanzó una nueva estrategia que buscaba contribuir al desarrollo y la mejora del servicio de atención integral proporcionado por los Centros de Tratamiento Especializado (CTO) que trabajaban en el tratamiento de la úlcera de Buruli y en general proteger el derecho a la salud en el país africano.

"La úlcera de Buruli es una enfermedad infecciosa que destruye la piel y, si no se trata a tiempo puede provocar, graves discapacidades", declara el doctor Agui Sylvestre Dizoé, del centro médico de Kongouanou. Anesvad colabora con centros como este, trabajando en la formación de voluntarios y en la difusión de información sobre las enfermedades como la úlcera de Buruli o la lepra.

"En muchas comunidades no saben que esta enfermedad existe. Por eso, formamos a voluntarios y vamos pueblo por pueblo informando a la gente sobre la importante de consultarnos el menor síntoma", declara el doctor Dizoé. "Aun así, muchas personas afectadas siguen llegando con la enfermedad en un estado demasiado avanzado. Es un trabajo duro, pero seguimos luchando para que la salud sea un derecho de todos los seres humanos".

Esperanza, tras una década de guerra
Allui, el último de los seis hijos de Konan Amoin Bernadette, fue el primero en nacer en un hospital. Su comunidad, Abouakro, ubicada en el departamento de Béoumi, padeció lo más duro de la guerra civil que asoló Costa de Marfil durante toda una década. La región fue escenario de combates entre las fuerzas rebeldes y gubernamentales durante todo el conflicto y sus estructuras sanitarias quedaron completamente devastadas. En este contexto, Bernadette dio a luz y crió a cinco hijos.

Según cuenta, cuando en aquellos años alguna mujer de la comunidad se ponía de parto “la mayor parte de las mujeres, yo misma incluida, preferíamos quedarnos en casa ya que el centro de salud estaba lejos y nos exponíamos a ataques en el camino”. Las que optaban por viajar en busca de asistencia sanitaria tenían que recorrer 4 kilómetros por caminos sin asfaltar para llegar a un centro médico " totalmente abandonado, en medio de la nada”.

Cuando el conflicto remitió en 2011, la ayuda internacional empezó a retornar y los centros médicos pudieron ser reconstruidos poco a poco. En 2013, la maternidad de Abouakro fue rehabilitada y Bernadette empezó a acudir, junto con su marido a consultas prenatales, tras quedar embarazada por sexta vez. Su hijo Allui nació sin complicaciones, en un parto en el que, por primera vez en su vida, fue asistido por una matrona.

El acompañamiento recibido tras el parto permitió al joven Allui desarrollarse en perfecto estado de salud y convertirse en el símbolo de la esperanza de toda la comunidad de mejorar sus condiciones de vida tras años de incesante violencia. “Me explicaron la importancia de la lactancia materna, de la higiene, de los controles durante los seis meses siguientes a su nacimiento”, explica Bernadette y añade orgullosa: "Hoy, Allui es el más sano de mis hijos".

Desde el fin de la guerra, el país ha luchado por reconstruir sus infraestructuras y recomponer su economía, pero las consecuencias del conflicto siguen siendo más que visibles en el sistema de salud.

En 2007 dos mujeres morían cada tres horas por causas relacionadas con el parto y la mortalidad materna se ha incrementado los últimos años llegando en 2012 a 614 por 100.000. Tras el fin del conflicto, Anesvad desarrolló un proyecto en el departamento de Béoumi con el fin de mejorar la salud de las madres y sus niños y niñas menores de cinco años en 40 comunidades como la de Bernadette.

El resultado ha sido la mejora de las infraestructuras para garantizar la atención sanitaria de calidad en los centros de salud del distrito. Esto ha provocado que la tasa de frecuentación de los centros ha aumentado de un 31% al 41,16%. Además, casi el 94% de las mujeres han asistido a todas las consultas prenatales, lo que supone un avance en el control de los embarazos hasta ahora no logrado.

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